domingo, 14 de diciembre de 2014

Recuerdo


Recuerdo









Intrínsecamente unido a la desidia de sueños enfrascados,
perdido en el pabellón impoluto del inconsciente,
asomando apenas su mirada por intersticios penumbrosos,
anhelando destruir la opacidad de la repetición simultanea,
como si fuese útil destruir(se) momentáneamente,
para luego volver a formar(se), crear(se), experimentar(se),
en un ciclo renuente al paso del tiempo.

Inmune/ perenne/ acorazado/ autoafectado/
ensimismado por las olas grisáceas de antaño,
inexorablemente refugiado/ escondido/ asustado/
invisibilizado por su rostro /mimetizado/ camuflado/
estancado en una aparente conversación monocorde,
parapetado tras la estabilidad de sentidos sin sentir,
vilipendiado por los augurios de un nuevo renacer.







Daniel Burkett













viernes, 21 de noviembre de 2014

Aborto seguro, legal y gratuito






I

Me sumerjo
en lo más bajo
del territorio humano,
sometida
desde pequeña
a la barbarie.

Entre mis piernas
fluye un torrente liquido
que se convierte
en un barrial
de fluidos vaginales.

Te da asco
por eso no miras,
mi sangre es corriente
no tiene apellido
ni obra social.

No tengo plata
ni cobre, ni alpaca,
fue un delirio
de mis padres
concebirme.

Heredé
una casilla,
un patio inundado,
y una vida
precaria.

II

Estoy acostada
en esta cama sucia,
llena de mierda,
con las piernas abiertas
esperando al doctor.

Con las manos
sin guantes,
me revisan
sin cuidado
y con desprecio.

Reviento de dolor
mi vagina arde
por el manoseo incesante
del pervertido
con delantal.


Convulsiono,
mis tripas se agitan,
mi carne huele a muerte,
despido sustancias
nauseabundas.

Mis ojos se borran,
mi destino era este,
morir en el juego
del blanco patriarca
occidental.



Daniel Burkett








martes, 7 de octubre de 2014

Enlace

Enlace




Tapiz de piel / Sobria
Luna de lunares/ Intrépida
Empoderada  en los pechos del planeta/ en la Lucidez
La Novia del monte/ la acuosidad,
Revuelta en el cielo/ sobre el verdor
Pampas de estrellas/ en las rutas
Eco de silencioso viento/ brilla 
La Patagonia en tu andar/  en el equilibrio,
Translación sin movimiento/ del cosmos
Kilómetros libres de azar/ la pasividad
Estrechez de besos infranqueables/ en el sur.





video




domingo, 31 de agosto de 2014

Placido interregno

Placido interregno 







Mientras escribo,  
Mis sueños con vos,
Vivo el ensueño,
De Abigarrar
El tiempo
En prosa,
Como si tu voz
Fuese narrando
La historia,
Inmanente,
Que brota de mi piel,
Que descubro,
Y acaricia
Mi memoria.

Reminiscencia,
Deja vu,
Comicidad perpetua,
Anclaje
En el suspiro,
 Universal,
De la existencia,
    De la humana concomitancia,
De efectos sin causas.

Lumbrera,
Profunda sujeción
Del espíritu,
Que adhiere
Libertad
Al logos,
Fuerza,
Voluntad,
Exacerbada atracción.

Espacio diurno/nocturno,
Donde deambula
Eros,
Placido interregno
Existencial,
En donde
Me reencuentro
Con el relato
Inconcluso,
Que abandoné

A su suerte. 

Daniel Burkett











martes, 22 de julio de 2014

Terapia de bar

Terapia de bar




Cada molécula de segundo, sin compartir con vos, es el ápice de mis frustraciones  tendiente a atiborrar con apatía los intersticios inmanentes de mis sentimientos”.


Escribió Enrique, sobre un papel  que encontró en el bolsillo de su jean esclerótico (gastado como su propia vida). Un recuerdo sobrevoló su rostro, aquel día, como un B 29 sobre el cielo japonés. Contaminado de rencores, dejó caer la punta del lápiz, bombardeó el suelo oriental del papel y expresó la comedia de su pesar.


Este espacio imita la tonalidad hospitalaria -  blanco de azúcar impalpable - es amarga, sin textura, como la nieve sobre un techo de chapa. Aquí estoy, combatiendo contra las palabras, en una suerte de locura esporádica, juntándolas como el cemento junta las hojas de los arboles al caer. ¿Sabías, que las plazas se arrugan en otoño, que los niños olvidan de jugar, que los juegos  hospedan al viento, que miro el gris del cemento tan vivo como un cementerio de ciudad? Soy lúgubre, como la abadía de un pueblo que sabe callar”.


Lúgubre como una abadía de un pueblo que oculta sus miserias en un confesionario, así se describió Enrique - sentado en un taburete, apoyando su semblante sobre la barra del bar. Bebía sorbos de cerveza, como un errante que encuentra agua en el desierto.
La soledad festeja la ausencia de alegría en las caras de los personajes habituales del lugar. Y Quique, juega con su lápiz en una danza irracional. Lo que él pretende es vaciar las escaramuzas guardadas en su memoria de oro. Escribe, borra, se enfada con su limitada capacidad para articular las oraciones.


El sol es mentira, en los ojos de mis recuerdos, y se desangra en las heridas de la tarde que acaece. Se presenta la noche. La oscuridad posee las facultades para invadir los campos, las ciudades y las bases que me mantienen sobrio. ”


 Su vida fragmentada cobra sentido en la atmósfera perfumada de rusticidad descrita en un papel. Las palabras atraen la luz del día. Enrique lleva un trozo de su vida en el bolsillo. Envuelve sus palabras, hace un bollito y las desecha. Se termina la sesión. Se retira del bar. Mañana habrá de escribir otra historia.  

Daniel Burkett




jueves, 3 de julio de 2014

Desvinculación


Desvinculación





“El barba” a la izquierda, sus hombros cansados, a su lado, la pureza del alma manchada por una caja de ebria cordura. En la estación, sucumbe el canto pueril de un embrionario Lutero alcoholizado. En un costado, las arrugas pintadas al oleo, decoran el agitado andén de la estación José C. Paz. Él observa de soslayo el murmullo desolado de migajas andantes. Detiene su mirada, en el ritmo contagioso del andar rutinario, que acelera los pasos de aquellos negados, que se tropiezan, que avanzan con torpeza entre el vaivén de los cuerpos mortales. Desplegados en esa cárcel, que traslada desencantos, los movimientos coordinados de la multitud, lo perturban. Luego, el mundo se detiene, él se baja y logra evadir la tiranía ferroviaria. Se repliega calle abajo. La fuerza inmanente de la costumbre lo guía, lo desgasta, le inyecta displacer en sus arterias. Al rato, él se encuentra anclado en la parada del transporte, mientras los clérigos provocan caos en la muchedumbre buscando dioses de papel -esa es la liturgia de todas las noches, monjes buscando su comida en los bolsillos miserables de un harapiento espectador- la atmósfera se entrelaza al tabaquismo de la avenida y él perfuma su carne con aroma a ciudad. Más tarde, la meta se presenta como un juguete a estrenar. Retorna con certezas que lo empujan a retornar. Así regresa con sus viseras, nervios y huesos desgatados, mutilados violentamente por el látigo del reloj. En resumen, ansiedad, risas, malabares, naranjazos en el suelo, todo y nada. Su fin, regresar al sitio de donde nunca partió. Él es un transeúnte de un camino circular, espectador de su propia ruina. Sin embargo, regresa, cultiva el espacio, avanza, no retrocede, se obstina, lucha. Su pensamiento lo eyecta, lo transporta, lo desvincula del engranaje automatizado del ritmo -genocida- cotidiano. 



Escrito por Daniel Burkett